sábado, 6 de abril de 2013

Mirando el presente

-¿Y eso es todo?- Preguntó Van Castle mientas daba ligeros toques con sus dedos índices en su barbilla, pensativo. Realmente era un caso interesante, justo lo que necesitaba para pasar página de aquel duro accidente.

Pensó en Johanna durante un rato. No lo hacía muy a menudo, solo unos pocos minutos al día.

Aquella chica morena, de tez casi gitana, aquel movimiento de caderas. Aquella forma de hacer el amor que ya jamás sentiría. Aquella forma de mirar. Aquella forma de regañarle. Aquella cara que había hecho que dejara el cuerpo de policía años atrás y se dedicara más a lo que iba a ser su familia.

Aquel cuerpo inerte que ya en nada se parecía a ella. Aquel cadáver que no eran más que diferentes trocitos de ella en una bolsa fúnebre que esperaban que fuera identificada.

Esto lo hacía por ella, porque ella lo merecía. Pero sobre todo porque ella pensaría que él lo merecía.

- Lo acepto.- Dijo al fin.- Conoce mi cuota, la mitad por adelantado mas gastos. El resto después.

No parecía un trabajo difícil.  Lo único que tenia que hacer era indagar sobre el posible móvil de un pez gordo de las finanzas que gastaba su dinero en intentar adquirir libros raros y exclusivos de lo que él sabia más bien poco.

Poco iba a sospechar que su decisión iba a acarrearle tantas consecuencias que en ocasiones hubiera llegado a desear no haber aceptado. Las decisiones que parecen fáciles son las que en realidad son las que definen el ser de cada uno y su propio destino; pero él estaba lejos de aprender esa lección.

Se puso manos a la obra. El libro en concreto era raro y difícil de encontrar lo cual favorecía su trabajo. Sólo existían tres copias e todo el mundo. Uno lo tenía el vaticano  entre otras millones de obras únicas en el mundo, otro un suizo de apellido impronunciable y el tercero era el libro que la familia Cortés adquirió durante la guerra de la independencia española a principios del siglo XIX.

Era la copia que buscaba. Miró en Google la información necesaria sobre el libro que buscaba; Tecleó "Necronomicrón Cortés XIX" tal y como la señora Cortés le escribió en el papel.

-¡Santo Dios! 3.150.000 resultados; cada cual menos interesante. Supuso al principio que era un trabajo interminable.

Hasta que un nombre en la descripción de un enlace en la página 30, después de unos cuantos filtros de Chesterfield lo hicieran concentrarse le llamó la atención.

"Axel Beng Wate" El célebre bibliógrafo que en la última década se ha visto envuelto en más de un escándalo de índole sexual pujó mas de 100.000.000 € en una subasta de un libro de carácter demoníaco llamado Necronomicrón...

No necesitó leer más de aquel artículo. Axel era uno de los compañeros que iba a su clase en el colegio desde que eran prácticamente recién nacidos. No supo muy bien como reaccionar ya que desde el instituto no se volvieron a ver con mucha frecuencia. Al fin y al cabo cada uno hace su camino en la adolescencia.

Se preguntó cómo le iba.

Hacía como dos años aproximadamente que salió en la prensa del corazón, que era mas de la mitad de la plantilla de los periodistas españoles (justo antes de los deportivos), algún tipo de romance secreto entre su viejo colega y alguna actriz joven y guapa de Francia, o quizá de Inglaterra.

Van Castle no sabia mucho de esas cosas pero se conformó con o que encontró.

Decidió que era visitar a su amigo de la infancia.

Puede que aquella visita llegara algo tarde.

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